Naufragios: El romanticismo de la desesperación


Pastel en tonos grises de Jean Pillement representando un naufragio, fechado entre 1770 y 1775.


Durante la Ilustración y el Prerromanticismo hay un creciente interés por el tema del naufragio. Grandes flotas y galeones recorrían mares y océanos de todo el mundo en largas travesías a merced de las corrientes, los vientos y las tormentas. A menudo se conformaba la historia perfecta, marineros y corsarios surtían en los puertos de grandes historias de aventura. El mar y las tierras desconocidas despertaban la fascinación de las gentes, en una mezcla de fascinación y temor. Estas historias llevaban ya mucho tiempo arraigándose, los naufragios, parte culmen y trágica del relato eran algo que sucedía con frecuencia. Pérdidas de vida y grandes tesoros en el fondo del mar generaban gran interés en las gentes de la época.


Pero si no hay catástrofe parece que no hay romanticismo, y así pues, el género del naufragio va tomando forma, reflejo de temas muy recurrentes en la pintura de Claude-Joseph Vernet, que trasmiten desastres marítimos con los relatos de aventuras más frecuentes, no olvidemos que Robinson Crusoe, había sido publicado en 1719 y Pablo y Virginia, novela de Jacques-Henri Bernardin de Saint-Pierre haría lo propio en 1787.


A menudo se muestra el romanticismo de la desesperación, la lucha por la supervivencia. En la mayoría de las obras los pintores nos intentan trasmitir la fuerza del temporal. Los personajes se disponen de manera trágica, implorando su salvación, cansados e intentando comunicarse a voces entre ellos. El cielo acompaña a la tragedia, hay nubarrones del temporal, pero empiezan a asomarse los primeros rayos de luz, síntoma del fin de la tormenta. Pero el mar sigue bravo y violento, chocando contra las rocas, creando un dramatismo a la escena que deja al espectador con el corazón en un puño, removiendo el sentimiento del público.


Años después de esta pintura, Jean Pillement , recibió un encargo de Madrid estando en Lisboa para que desde el lugar inmortalizase el fatal naufragio del San Pedro de Alcántara, un navío de guerra español que encalló en 1786 frente a las costas de Peniche, al norte de Lisboa y que había zarpado de Perú con metales preciosos y prisioneros tras la rebelión de Tupac Amaru II, y hasta donde se desplazó Pillement para estudiar con detenimiento el lugar del naufragio y la recuperación de sus restos. Cuadros hoy en una colección madrileña.


Sobre el pintor:

Jean-Baptiste Pillement nace en Lyon en 1728. Comienza en París trabajando como aprendiz de dibujo en el taller de Gobelinos. A los 17 años empieza a recorrer varias ciudades de Europa, reside en Madrid, Lisboa, Londres, Viena, Varsovia y San Petersburgo entre otras. En 1800 vuelve a su Francia natal, en concreto a Lyon donde pasó sus últimos años de su vida dando clases de pintura y realizando patrones para las manufacturas sederas de la ciudad.

Fue un gran exponente en la chinoiserie, estilo europeo que se inspira en el arte chino. Pillement llega incluso a escribir una obra sobre la decoración de este género, posiblemente influido por la estancia en países donde conservaban sus colonias orientales, y donde primero se aplicó este estilo en la decoración de cerámica, tejidos, piezas de orfebrería y papel pintado

Saber más:

Museo del Prado

Wikipedia


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